Otro ejemplo es el cambio en las leyes que regulan el derecho al voto. En el
siglo pasado, estas normas cambiaron muchas veces. Según una de ellas,
sólo podían votar los varones mayores de 21 años que tuvieran
propiedades. Según otra, podían ejercer este derecho todos los hombres
mayores de edad. Otra exigía como requisito para votar que la persona
supiera leer. En ningún caso las mujeres tenían derecho a elegir a sus
gobernantes. Cada una de estas leyes sobre el tema del voto respondía a
razones diferentes. Cuando cambiaban las razones, también lo hacía la ley.
Cada gobierno necesita respaldo de la gente para hacer nuevas leyes y
modificarlas cuando no cumplen su propósito. Sin embargo, no siempre es
fácil decidir si una ley debe modificarse y si una nueva ley es conveniente.
Por ejemplo, en Colombia, hace algunos años estaba prohibido importar
telas del extranjero a no ser que se pagara un impuesto muy alto.
Con esta ley se buscaba proteger a la industria de los textileros. Sin embargo, con el
tiempo, los confeccionistas de ropa protestaron: a ellos les convenía traer
telas de otras parte del mundo. Decían que sólo si se abrían las
importaciones podrían conseguir la materia prima que necesitaban para
competir en el extranjero. Pedían que se cambiara la ley sobre
importaciones.
En el Congreso hubo muchos debates sobre si se debían o no abrir las
importaciones. Aún hoy sigue este debate. En el ejemplo anterior, ¿crees
que es conveniente proteger a los fabricantes de telas o a los fabricantes de
ropa? ¿Por qué?
Los principios generales para saber si se pueden cambiar las leyes y para
saber si las nuevas que se proponen son adecuadas están escritos en la
Constitución Política de un país.

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